En el corazón de la dieta mediterránea se encuentran alimentos humildes pero potentes en nutrientes. Las legumbres son una pieza clave de este patrón alimentario, no solo por su valor cultural y gastronómico, sino también por sus beneficios para la salud.
Dentro de este grupo, lentejas, garbanzos y alubias destacan por su versatilidad, sabor y perfil nutricional. Aunque suelen agruparse en una misma categoría, existen diferencias relevantes que conviene conocer.
Los datos nutricionales no son detalles menores cuando se busca una alimentación equilibrada. Según el Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra, incorporar regularmente legumbres como lentejas, garbanzos y alubias puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejorar la microbiota intestinal y mantener niveles adecuados de glucosa.
Sin embargo, cada una de estas legumbres ofrece beneficios específicos, y entender sus particularidades puede marcar la diferencia en la planificación de nuestras comidas.
Aporte proteico: quién gana en proteínas vegetales
Uno de los valores más buscados en las legumbres es su contenido proteico. En este aspecto, las lentejas lideran ligeramente. En 100 gramos de producto seco, aportan unos 24 gramos de proteína. Esto las convierte en una opción especialmente interesante para quienes siguen una dieta vegetariana o buscan reducir el consumo de carne. Las proteínas de las lentejas, además, son fácilmente digestibles y se combinan bien con cereales para mejorar su valor biológico.
Por su parte, los garbanzos aportan aproximadamente 20 gramos de proteína por cada 100 gramos. Aunque están algo por debajo de las lentejas, se equilibran gracias a otros nutrientes y a su perfil de aminoácidos. Las alubias, dependiendo de la variedad, pueden aportar entre 19 y 21 gramos. En este terreno no hay grandes diferencias, pero quienes busquen un refuerzo proteico sin recurrir a productos animales pueden inclinarse por las lentejas.
Según un informe publicado en 2023 por el Instituto de Estudios de la Alimentación Sostenible, la incorporación de estas legumbres en dietas basadas en plantas permite cubrir hasta el 80 % de las necesidades proteicas diarias si se combinan adecuadamente con cereales como el arroz o la avena.
Contenido en fibra: aliados del sistema digestivo
Uno de los aspectos más valorados de lentejas, garbanzos y alubias es su alto contenido en fibra. Las lentejas aportan en torno a 11 gramos de fibra por cada 100 gramos, lo que contribuye a una mejor digestión, mayor sensación de saciedad y reducción del colesterol LDL. Esta fibra también ayuda a regular el tránsito intestinal, previniendo problemas como el estreñimiento.
Los garbanzos, en cambio, destacan por su fibra soluble, que tiene un efecto más directo en la regulación de la glucosa y los niveles de colesterol. Su contenido ronda los 17 gramos por cada 100 gramos, lo que los convierte en una excelente opción para personas con diabetes tipo 2 o con problemas cardiovasculares.
Las alubias pueden aportar hasta 25 gramos de fibra por cada 100 gramos en seco, según datos de la Fundación Española de la Nutrición. Este nivel de fibra, sobre todo en variedades como la negra o la roja, las convierte en una opción especialmente eficaz para mejorar la salud digestiva. Su fermentación en el intestino también contribuye a una microbiota intestinal más diversa y equilibrada.
Hidratos de carbono: energía de liberación lenta
Aunque muchos asocian los hidratos con picos de glucosa, los carbohidratos presentes en las legumbres se absorben lentamente, lo que permite un aporte energético estable y prolongado. Las lentejas contienen entre 55 y 60 gramos de hidratos por cada 100 gramos, la mayoría de ellos complejos, lo que las hace ideales para mantener la energía durante todo el día.
Los garbanzos presentan una cifra algo menor, entre 45 y 50 gramos, pero incluyen un porcentaje de almidón resistente que actúa como prebiótico natural. Esto significa que no solo proporcionan energía, sino que también favorecen el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas.
En el caso de las alubias, su contenido en hidratos ronda los 60 gramos, pero varía mucho entre variedades. Las blancas, por ejemplo, tienen una proporción de almidón algo mayor que las pintas. En términos generales, cualquiera de estas legumbres resulta adecuada como fuente de energía duradera, especialmente en dietas enfocadas en la actividad física o el control del apetito.
Grasas: contenido bajo pero relevante
Aunque no son una fuente importante de lípidos, las grasas presentes en lentejas, garbanzos y alubias sí tienen relevancia nutricional. Las lentejas apenas contienen 1 gramo de grasa por cada 100 gramos, y la mayoría son insaturadas. Esto las convierte en una buena opción para dietas bajas en grasas.
Los garbanzos, en cambio, contienen alrededor de 5 gramos de grasa, pero destacan por su contenido en ácido linoleico y oleico, beneficiosos para la salud cardiovascular. Este perfil graso, junto con su aporte de proteínas y fibra, hace que los garbanzos sean especialmente saciantes.
Las alubias presentan un contenido muy bajo, en torno a 1 o 2 gramos, según la variedad. La mayoría son grasas insaturadas y están asociadas a un perfil nutricional cardioprotector. Si bien este no es el aspecto más destacado de las legumbres, su bajo contenido graso las convierte en alimentos equilibrados desde el punto de vista calórico.
Vitaminas y minerales: riqueza micronutricional
El contenido en micronutrientes es otro punto fuerte de las legumbres. Las lentejas son ricas en hierro, zinc, fósforo y ácido fólico. El hierro de las lentejas, aunque no hemo, puede absorberse mejor si se acompaña con alimentos ricos en vitamina C. Esto es particularmente relevante para personas con necesidades elevadas, como mujeres en edad fértil.
Los garbanzos destacan por su aporte en calcio, magnesio y vitamina B6. También contienen selenio, un antioxidante poco común en alimentos vegetales. Esta riqueza los convierte en una opción muy recomendable en etapas de crecimiento, embarazo o envejecimiento.
Las alubias, por su parte, son ricas en potasio, hierro y tiamina. Algunas variedades, como las rojas, contienen antocianinas, antioxidantes naturales que ayudan a reducir el estrés oxidativo. Incorporar alubias en la dieta puede ayudar a mantener una presión arterial adecuada, especialmente en personas con hipertensión.
Índice glucémico y control metabólico
El índice glucémico es un indicador clave cuando se trata de gestionar la glucosa en sangre. Las lentejas presentan un índice bajo, en torno a 32, lo que significa que su consumo no genera picos de azúcar en sangre. Esto las convierte en una opción preferente para personas con riesgo de diabetes.
Los garbanzos también tienen un índice glucémico bajo, alrededor de 28, y su digestión lenta los hace especialmente útiles para mantener niveles de glucosa estables a lo largo del día. Estudios recientes del Departamento de Endocrinología del Hospital Clínico de Madrid recomiendan su inclusión regular en pacientes prediabéticos.
Las alubias, dependiendo de su variedad, tienen un índice entre 25 y 35. Este dato confirma su utilidad como alimento regulador, además de su función saciante, lo que puede contribuir a evitar el picoteo entre comidas y a controlar el peso corporal.
Variedades y usos gastronómicos: una riqueza culinaria por explorar
Además de sus beneficios nutricionales, lentejas, garbanzos y alubias destacan por su enorme diversidad gastronómica. Cada una de estas legumbres presenta múltiples variedades, con sabores, texturas y tiempos de cocción diferentes que amplían enormemente sus posibilidades en la cocina.
Las lentejas, por ejemplo, pueden encontrarse en versiones como la pardina, la castellana, la roja o la beluga. La pardina es excelente para guisos por su resistencia a la cocción prolongada, mientras que la roja, más delicada, es perfecta para cremas o purés. Su rápida preparación las convierte en una solución práctica para quienes disponen de poco tiempo sin renunciar a una alimentación equilibrada.
En el caso de los garbanzos, destacan variedades como el pedrosillano, el lechoso o el castellano. El pedrosillano, más pequeño y firme, es ideal para ensaladas y hummus, mientras que el lechoso es perfecto para cocidos gracias a su textura cremosa.
Más allá del clásico cocido madrileño, los garbanzos son base fundamental de recetas internacionales como el falafel, el chana masala o las sopas del norte de África.
Las alubias, por su parte, presentan una de las mayores diversidades. En España se cultivan más de 20 variedades, desde la fabada asturiana a la judía pinta de León, la alubia blanca de Tolosa o la negra de La Bañeza. Esta variedad ofrece múltiples texturas y sabores, y permite jugar con recetas como fabadas, potajes, salteados o incluso hamburguesas vegetales.
Este abanico de posibilidades culinarias no solo favorece la creatividad en la cocina, sino que permite mantener una dieta variada y atractiva sin perder de vista los beneficios que aporta cada tipo de legumbre. Introducir diferentes variedades durante la semana asegura un mejor equilibrio nutricional y evita la monotonía en los menús.
Además, muchas de estas legumbres están disponibles en versiones ecológicas y de producción local, lo que no solo apoya al agricultor de proximidad, sino que también garantiza productos con menor huella ambiental.
La FAO y otras organizaciones impulsan campañas que invitan a redescubrir las legumbres como alimentos del futuro, accesibles, sostenibles y completos.








